Monterrey tiene su templo a la música colombiana - Archivo Digital de Noticias de Colombia y el Mundo desde 1.990 - eltiempo.com

2022-10-01 14:27:53 By : Ms. Lorna Lee

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Desde la década de los 70 se gesta un movimiento en pro del vallenato y la cumbia.

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Ella tiene puesto un vestido con la bandera tricolor exuberante. Él luce victorioso una camiseta del Junior de Barranquilla, y ambos, con sombreros ‘vueltiaos’ sobre sus cabezas, se autoproclaman como los ‘hijos negados’ de una patria que idolatran: Colombia.

Elizabeth Cortez, comunicadora social, y Mario Lara, ingeniero industrial, se conocieron gracias a la frenética afición que los dos tienen por la música colombiana. Se casaron hace 5 años y, desde entonces, comparten en la ciudad de Monterrey (estado de Nuevo León, México) el gusto por la cumbia, el porro, el vallenato y todo lo que tenga el sello del que ellos conocen como el país de Andrés Landero, el máximo ídolo en esas tierras.

En el hogar formado por estos dos mexicanos todo tiene sabor a Colombia. La sala de la casa está adornada por cerca de diez afiches de los últimos festivales vallenatos, enmarcados y relucientes; una guacharaca sobre un sillón, una caja vallenata en la mesa, una hamaca sanjacintera en el cuarto, sombreros, gorras, camisetas de la Selección de todas las tallas y el aroma a café Juan Valdez. Todas estas cosas hacen parte de la cotidianidad de la familia Lara Cortez.

Y la música, el símbolo que los unió vía internet, no podía tener otro sello. Mario se conoce en detalle la historia de la música de acordeón, el litigio que hay entre el Valle y las sabanas, quiénes fueron los ganadores de los festivales vallenatos, los cajeros y guacharaqueros de renombre, pero que en Colombia nadie conoce, y también tiene una teoría acerca de la salvación de la cumbia.

“Monterrey salvó la cumbia del olvido. Cuando en Colombia dejaron de grabar cumbias, llegaron los sonideros mexicanos y no la dejaron morir, al punto de que hoy ya son un símbolo de América Latina”, señala.

Elizabeth no se queda atrás. Como presidenta de uno de los 10 clubes de fans que en Monterrey tiene el cantante colombiano Nelson Velásquez, se ha encargado de difundir las fotos, la música y todo lo que tenga que ver con el cantautor vallenato. “Quería que mis hijos se llamaran Bella Colombia y Nelson Diomedes, pero los abuelos se opusieron y no quisimos pelear con ellos por eso”, dice Elizabeth.

Orígenes de una afición

En Monterrey no solamente esta pareja le rinde tributo, con alma y corazón, a la música colombiana.

Desde la década de los 70 del siglo pasado se ha venido gestando en esta ciudad un movimiento colombianista, especialmente en la música, sin nadie tener vínculos familiares con nuestro país.

“Hay muchas ideas, teorías y mitos de por qué se arraigó tanto y tan fuerte la música colombiana en Monterrey. Las letras hablan de amor, de personajes, de costumbres y fiestas, pero, sobre todo, cuentan historias y vivencias acerca del campesino o pescador que se va para la ciudad a trabajar. Pero no solo por eso. Creo que el migrante que llega a Monterrey, una sociedad sumamente clasista, se aferra a la música colombiana, que bien puede ser alegre o triste, vallenato o cumbia, entre otras vertientes y ritmos”, reseña un artículo de la Agencia Autónoma de Comunicación.

Todo comenzó en un pedazo de la larga montaña que atraviesa a Monterrey y que recibe el nombre de colonia Independencia. Dicen los sonideros más veteranos, como Gabriel Dueñez, que allí empezó a formarse un movimiento de migrantes que se establecieron en esa ciudad a trabajar, y con ellos llegaron también los primeros vinilos de música colombiana, de los Corraleros de Majagual, Andrés Landero y Alfredo Gutiérrez, entre otros.

Paradójicamente, por esa misma época, sellos colombianos como Discos Fuentes dejaban atrás las grabaciones de cumbias y porros sabaneros, que, al pasar los años, llegaron a convertirse en tesoros para los coleccionistas, es decir, los sonideros, que hacen las veces de los picós de la Costa Caribe.

Con el tiempo, el asunto ha ido evolucionando, y de ser música exclusiva para los llamados ‘nacos’, ‘prole’ o ‘cholombianos’, empezó a escalar socialmente y a fusionarse con ritmos de México.

Se asentó tanto la música colombiana que locutores como Horacio ‘Lacho’ Pedraza se concentraron en la cumbia y la música proveniente de Colombia.

Ante el auge de estos programas, en 1995 nació la emisora XCH 1420, especialista en vallenatos y cantos colombianos. Desde hace 8 años se realiza el Festival Vallenato de Monterrey, que tiene como curiosidad ser el único que hace comunión entre el vallenato y el sabanero, pues los concursantes tienen como obligación tocar cumbia y paseo.

“Somos miles los que amamos la música colombiana. Nuestro mayor deseo es que algún día el Festival Vallenato de Monterrey, que dirige Eliécer Jiménez, se convierta en el evento más importante de México”, concluye Mario Lara.

JUAN CARLOS DÍAZ M. Redactor de EL TIEMPO Monterrey.

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